Me encontré en tus ojos y volví a encerrarme en vos. No quería salir. Me sentía protegida. Me buscaba en tus pupilas, recorrí todo lo que las rodea, y hallé en vos algo que me salvó. Fuiste vos, tu alma, tu mirada, tu todo. Fue, simplemente fue. Llegaste a cada línea, cada espacio, cada rincón de mi ser; y te dejé entrar. La carne de tus labios, la profundidad de las miradas, tu mano y la mía, juntas; vos y yo, juntos. Tu cuerpo, tu voz, tu risa, la forma en que tu cara se deforma cuando sonreís y yo me hundo en cada hueco de tus mejillas esperando no tener que salir nunca. La lluvia que nos moja, el frío que nos congela, el viento que nos lleva, las manos que no se sueltan, el amor que no cesa. Si está bien, si está mal, si importa, si no importa, si estás, si no estás... ... si no estás. Ahí es cuando todo está vacío, cuando el mundo es menos, cuando el color no existe, las melodías son ruidos, el caminar es pesado, las rutas infinitas, la felicidad está perdida y la triste...