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Mostrando entradas de enero, 2013

Días de melancolía

A diario observo a las personas, cualquiera que pase ante mi, y me pregunto si tendrá alguien a quien amar. Si se corresponderá con alguien. Si encontró a ese alguien. Los miro. Son indescifrables. Quiero saber si tienen eso que tanto añoro y a la vez siento tan lejos. Volvió a mi la sensación de vacío existencial. Esta vez no es sólo por el hecho de no tener una pareja, es una sensación general. Hago cosas de las cuales pocas me llenan o me hacen sentir importante. Tengo ganas de hacer otras que me hagan sentirme especial, pero no tengo el impulso. Y sin un impulso uno no hace nada. Por momentos me siento miserable, hasta que me acuerdo que no sufro desdicha alguna que me quite las ganas de estar bien. Quiero llorar, pero no puedo. Parece que todo el mal que se llevó (espero) el año 2012 lo lloré en cuotas que aún no pagué y por eso no tengo lágrimas por ahora. O algo así. Quiero reír pero me acuerdo de todo lo que siento que me falta. ¿Cómo puede ser que algo tan abstra...

Los recuerdos son una mierda.

Estuve una semana sin poder escribir en el blog. Me mató. O casi. Justo la última semana del año 2012. Justo se me revolvieron decenas de sentimientos, recuerdos y sensaciones. Una de las peores sensaciones que experimento es la inseguridad. Tomo decisiones autoconvenciondome de que son lo que quiero, que hago lo que quiero hacer. Pero hay veces en las que queda algo colgado de alguna decisión y me hace replantearme si hice lo que quería, más allá de lo que debía... Fragmento de la obra teatral "Doña Rosita la soltera", escrita por Federico García Lorca:  ACTO TERCERO ROSITA Como que no hay cosa más viva que un recuerdo. Llegan a hacernos la vida imposible. [...] Estuve pensando, gracias a los recuerdos que volvieron a mi mente en la mayoría de las horas de la mayoría de mis días esta última semana y no puedo dejar de admitir que extraño mucho cómo me sentía con una mejor amiga que ya no lo es porque yo lo quise así. No se hasta que punto fue/es rencor, o ha...

Prestar un oído

Siempre me dijeron que soy muy buena escuchando a los demás, desde sus problemas hasta sus felicidades. Nunca me quejo, para mi es natural ayudar al otro con algo tan simple como prestarle un oído. No creo ser mejor persona por dejar que alguien comparta su felicidad o su desdicha conmigo. Pero, ¿qué hay de mi? ¿qué hay de lo que yo quiero contar? ¿qué hay de mis desdichas o mis fortunas? Supongo que por eso escribo. O eso quiero creer. Utilizo a la lectura y a la escritura como fuentes de sabiduría y de paz . Me encuentro a mi misma en mis palabras y eso me hace felíz. Hasta diría que me conforma. Sólo que a veces necesito ese alguien que esté 24/7 escuchándome o pretendiendo interesarse en lo que yo tengo para contar. No voy a pedírselo a nadie, ya que estoy convencida que es una de esas actitudes que son naturales a una persona y si uno las fuerza no se hacen con amor. Como escribir una carta por ejemplo. O como las veces que me agradecen haberlos es...