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Mostrando entradas de abril, 2016

El arte en mí

Cuando tenía diez u once años de edad, participé en un concurso de lectura en una biblioteca de Monte Grande. El primer premio era una bicicleta, y yo la deseaba con todas mis fuerzas. Me acompañó mi mamá. Durante la jornada ofrecían infusiones y facturas -en casa no se comían mucho-. Cuando llegó mi turno de leer, me paré aireosa, pensando que me las sabía todas porque leía siempre en el colegio, desde más chica y había leído decenas de libros que mi vieja traía de la Editorial Kapelusz. Puse la espalda derecha, levanté el libro y procedí a leer uno de los cuentos de "Socorro Diez (Libro pesadillesco)", de Elsa Bornemann. El jurado me dijo que había estado bien. Volví a mi silla y al rato anunciaron al ganador. Era otra chica. No yo. Mis ojos se inundaron. La miré a mi mamá mientras el enojo me brotaba por los poros. Todos sonreían. Yo me paré brutalmente ante la mirada sorprendida de mi vieja, y me fui derecho a la salida mientras escuchaba que los que querían podían ...

A veces no quiero ver

No quería mirar a través de la ventana pero fue más fuerte que yo. Miré y me caí de nuevo. Se me derrumbó el alma. Miro, está nublado -y sí, es otoño-, hay mucho viento y no estás acá, conmigo. No sé si me molesta más el frío, tu ausencia o que el primero acreciente al segundo. Cómo una pequeña actitud, unas pobres palabras, un inútil intento de solución pueden arruinarte un día o más... Como cuando pensás 'uh, ojalá no hubiera dicho o hecho eso' u 'ojalá hubiese dicho todo eso'. Es difícil decir. Lo pensás, se te atraganta, y queda ahí, la mayoría de las veces. Y ahí es cuando te agarra dolor de garganta, por todo eso que te guardás (sí, tenés razón, no tomaste frío ni estás engripado, es tu conciencia). Miro otra vez para afuera, y el viento se me acerca tanto como vos te alejás de mi. Y ambas cosas me tienen congelada.