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Entradas

Crónica de un desengaño

Ya no sé si las horas pasan o simplemente paso las horas. La cabeza me quema pero me tomo la temperatura insoportablemente y siempre marca 37°. Cada paso que doy me pesa como si estuviera enterrada en arena, mojada, en el medio de un desierto rodeada de mierda. Ya no sé si contar cómo me siento o simplemente sentir todo sola en este sin fin de pensamientos que van y vienen al día, los momentos, a todo eso que me pasó, que me hicieron y que me dejó peor que al Ecce Homo en su “restauración” en 2012. Me la paso comprando maquillaje que no uso y armándome sets de collares y pulseras que intenten hacer de mí algo más que un alma rota. Partida. En mil pedazos. Voy, voy, voy y no paro, porque sé que si paro se me caen los collares, las pulseras, los aros, los anillos y todo sale a la luz. Todo eso que tengo adentro y que trato de que no me sepulte en la cama como esos meses en los que la única luz que vi fue la del baño cuando me levantaba dos veces al día. Quiero parar, pero tengo miedo. Me...
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Día de la lucha

Porque si vivís en la calle o salís a pedir, y estás con tus hijos, sos una hija de puta, que usás a los nenes para dar lástima y así te den plata en el tren, en el bondi, en el semáforo. Pero si es un hombre el que sale a pedir ayuda con sus hijos, es un pobre tipo, miralo, mi vida, los nenes... aunque, claro, eso no pasa. Ni en el más bajo nivel se resignan los roles que se supone que corresponden. Porque en el colegio el bullying casi nunca es de mujeres a hombres. A la experiencia propia me remito. Por una enseñanza desde casa o construcción social, los pibes siempre piensan que tienen que ser o sentirse más que otras personas, que otras mujeres. Y a veces la forma de demostrarlo es molestando, denigrando, insultando a una compañera de curso. Y el resto lo saben, lo ven, pero no hacen nada porque "así son los pibes"; cuando si fuera a la inversa, serías una pendeja de mierda. Porque en casa mamá limpia, lava la ropa, cocina, atiende a papá, se ocupa de los hijos, de bañ...

Por qué viene a mí

Quedate tranquila, no vivís del pasado. El pasado viene a vos en los momentos menos esperados, te invade la mente, lo que sea que estés haciendo, no importa en que estés pensando. Es ese mensaje, esa canción, esa persona con esa mirada particular que te hace acordar a otra persona; y ahí estás, en tu mundo pero diez años atrás, cinco años atrás. No, no vivís del pasado, pero siempre te va a interrumpir el presente. Y te preguntás qué habrá pasado con esa persona; y si sabés qué fue de su vida, te preguntás qué hubiera sido de la tuya si no te hubieras ido, si no se hubiera ido, si las cosas no hubieran sido como fueron. Pero no hay vuelta atrás, no trates de buscarla ni en un mensaje ni en una canción ni en una mirada, de nadie. Por algo estás acá siendo quien sos; parece una frase común, pero convencete de que es así, de que esa es tu verdad. Porque no vivís del pasado. Ya no importa quién fuiste ni quién fue esa otra persona. Solo importa quien sos hoy y a dónde querés lleg...

Cuánto

Todo este tiempo pensando en los otros, en lo que son, ¡en lo que dicen! Qué pensarán ellos, los que están ahí observándolo todo. Qué me dirán esta vez, cuánto va a importarme. Cuánto voy a poder aguantar, después de todo lo pasado, de todo lo vivido, de todo lo que luché, de todo lo que lloré. Cómo voy a poder levantarme si me vuelvo a caer... Todo este tiempo juzgando lo que aún no fue dicho, lo que se ata en cabos en mi mente, lo que no sé pero quiero suponer -porque ese es mi escudo-. Qué de todo lo que pienso voy a poder decir. Qué de todo lo que digo lo voy a expresar pensando. Qué de todo lo que expreso es realmente lo que me pasa. ¿Qué? ¿Muy poco? Todo este tiempo pensando que la verdad estaba afuera, haciéndome creer que solo importaba mi adentro. Cuánto tiempo aguanté de los otros... Cuánto se puede aguantar de uno mismo... cuánto se puede fingir, cubrir, creer para estar todo este tiempo siendo los otros, y no yo misma. Todo este tiempo pensando que aguantaba al r...

Nunca fue un "hasta luego", pero ahora es un "adiós"

Camino por los lugares por los que estuviste. Pienso en los rincones por los que pasaste. Abrazo a la mujer que amaste. Dudas y miedo, todo junto.  Me pregunto por qué, si la soledad fue uno de los principios con los que tu abandono me marcó, hoy me siento triste, rara, vacía. ¿Es un cierre, una despedida, un capítulo que terminó con la hoja siempre en blanco? Fuiste el claro ejemplo de que cada decisión que tomamos, grande, mínima, siempre nos determina. Vos elegiste un mal camino lleno de desinterés, adicciones, traiciones y cobardía. No pienso en qué pudo haber pasado, pienso en por qué las cosas se dieron como se dieron. Todo fue muy rápido y ahora ya no existe ni siquiera la posibilidad de pensarte en este plano. Desapareciste casi desde el primer día. Lo hiciste oficial después de dos años. Y tu recuerdo volvía cada tanto, pero siempre lo espantaba, sin risas, sin llantos, sin odio, sin rencor. Solo quería que regresara a donde pertenecía: al pasado. Pero...

El arte en mí

Cuando tenía diez u once años de edad, participé en un concurso de lectura en una biblioteca de Monte Grande. El primer premio era una bicicleta, y yo la deseaba con todas mis fuerzas. Me acompañó mi mamá. Durante la jornada ofrecían infusiones y facturas -en casa no se comían mucho-. Cuando llegó mi turno de leer, me paré aireosa, pensando que me las sabía todas porque leía siempre en el colegio, desde más chica y había leído decenas de libros que mi vieja traía de la Editorial Kapelusz. Puse la espalda derecha, levanté el libro y procedí a leer uno de los cuentos de "Socorro Diez (Libro pesadillesco)", de Elsa Bornemann. El jurado me dijo que había estado bien. Volví a mi silla y al rato anunciaron al ganador. Era otra chica. No yo. Mis ojos se inundaron. La miré a mi mamá mientras el enojo me brotaba por los poros. Todos sonreían. Yo me paré brutalmente ante la mirada sorprendida de mi vieja, y me fui derecho a la salida mientras escuchaba que los que querían podían ...

A veces no quiero ver

No quería mirar a través de la ventana pero fue más fuerte que yo. Miré y me caí de nuevo. Se me derrumbó el alma. Miro, está nublado -y sí, es otoño-, hay mucho viento y no estás acá, conmigo. No sé si me molesta más el frío, tu ausencia o que el primero acreciente al segundo. Cómo una pequeña actitud, unas pobres palabras, un inútil intento de solución pueden arruinarte un día o más... Como cuando pensás 'uh, ojalá no hubiera dicho o hecho eso' u 'ojalá hubiese dicho todo eso'. Es difícil decir. Lo pensás, se te atraganta, y queda ahí, la mayoría de las veces. Y ahí es cuando te agarra dolor de garganta, por todo eso que te guardás (sí, tenés razón, no tomaste frío ni estás engripado, es tu conciencia). Miro otra vez para afuera, y el viento se me acerca tanto como vos te alejás de mi. Y ambas cosas me tienen congelada.