Camino por los lugares por los que estuviste. Pienso en los rincones por los que pasaste. Abrazo a la mujer que amaste.
Dudas y miedo, todo junto.
Me pregunto por qué, si la soledad fue uno de los principios con los que tu abandono me marcó, hoy me siento triste, rara, vacía.
¿Es un cierre, una despedida, un capítulo que terminó con la hoja siempre en blanco?
Fuiste el claro ejemplo de que cada decisión que tomamos, grande, mínima, siempre nos determina. Vos elegiste un mal camino lleno de desinterés, adicciones, traiciones y cobardía.
No pienso en qué pudo haber pasado, pienso en por qué las cosas se dieron como se dieron. Todo fue muy rápido y ahora ya no existe ni siquiera la posibilidad de pensarte en este plano.
Desapareciste casi desde el primer día. Lo hiciste oficial después de dos años. Y tu recuerdo volvía cada tanto, pero siempre lo espantaba, sin risas, sin llantos, sin odio, sin rencor. Solo quería que regresara a donde pertenecía: al pasado.
Pero tu partida hizo que me sea inevitable viajar a esos primeros años de los que no recuerdo nada, ni tu rostro. Sólo sé qué fuiste por lo que me contaron, por fotografías, por ese anillo tuyo que quedó dando vueltas y que me hacía pensar y decir que yo era fanática de tu mismo equipo de fútbol, ese por el que sentiste más amor que por mí.
Siempre te sentí y te pensé lejos, y eso ahora no va a cambiar, que sé que te fuiste para no volver.
Ahora siento lástima por vos, por lo que fuiste y por lo que no. Por lo poco que fuimos. Por lo poco que estuviste y por todo lo malo.
No hay culpables. Hay vida, abandono y muerte.
No queda nada. Nunca lo hubo.
La vida siguió sin vos, ¿por qué no lo hará ahora, que el adiós es para siempre?
Me despido y te mando luz cada vez que te pienso.
Comentarios
Publicar un comentario