"Un beso es el acto de presionar los labios contra la superficie de un objeto (generalmente la piel o los labios de otra persona) como una expresión social de afecto, de saludo, de respeto o de amor", reza Wikipedia.

"En un beso sabrás todo lo que he callado", parafrasea Pablo Neruda.
"Lo bueno de los años es que curan heridas, lo malo de los besos es que crean adicción", entona y enamora Joaquín Sabina.
Todas esas frases remiten a lo mismo: un beso es amor, pasión, afecto y devoción. Darle un beso a alguien es la demostración más linda para transmitir el único mensaje que puede compartirse: "Te respeto y te quiero".
Sin embargo, hay personas que no son devotas de permitirle a alguien que le de un beso en los labios. Un beso en la boca. Básico.
Querer besar a alguien es querer dar algo de uno mismo. Que la otra persona sienta mis ganas de querer tener mis labios con los suyos, de compartirle que la quiero y que tengo un deseo hacia la misma.
No querer recibir un beso de alguien, interpreto que es miedo. Miedo de que la otra persona se dé cuenta que quizás en el fondo la quiera o la estime. Porque dar un beso es sentir y hacer al otro partícipe de esa sensación.
No querer que te besen, pero sí ser cariñoso con la persona, es no querer involucrarte; pero no en lo sexual, sino en algo más poderoso: el amor.
"No quiero darte un beso, porque vas a pensar que te quiero".


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