Como si comprarme este paquete de galletitas dulces con ochocientas calorías la porción, me hiciera sentir bien. Como si de esa manera pudiera solucionar alguno de los tantos quilombos que tengo en la cabeza. Por lo menos me saca el hambre...pero me hace imaginarme cosas. Si, un misero paquete de contenido graso. Porque me hace pensar que quizás, en lugar de estar escuchando música down en mi casa, podría estar en un café o en un barcito con alguna persona que quisiera compartir conmigo un montón de azúcar. Pero lo pienso, y me doy cuenta que en realidad si yo quisiera compañía, la tengo. Pero más que tener chances con un par de hombres revoltones, tengo miedo. Tengo miedo de enamorarme de nuevo y terminar mal. Mal sería dejando de comer esta suerte de felicidad empaquetada para que alguien me recuerde todos los días que soy linda, y de esa manera, por qué razones me enamora. Me da miedo -pero del miedo adrenalinico que anula todos los sentidos y la posibilidad de coordinar...