Como si comprarme este paquete de galletitas dulces con ochocientas calorías la porción, me hiciera sentir bien.
Como si de esa manera pudiera solucionar alguno de los tantos quilombos que tengo en la cabeza.
Por lo menos me saca el hambre...pero me hace imaginarme cosas. Si, un misero paquete de contenido graso. Porque me hace pensar que quizás, en lugar de estar escuchando música down en mi casa, podría estar en un café o en un barcito con alguna persona que quisiera compartir conmigo un montón de azúcar.
Pero lo pienso, y me doy cuenta que en realidad si yo quisiera compañía, la tengo.
Pero más que tener chances con un par de hombres revoltones, tengo miedo.
Tengo miedo de enamorarme de nuevo y terminar mal. Mal sería dejando de comer esta suerte de felicidad empaquetada para que alguien me recuerde todos los días que soy linda, y de esa manera, por qué razones me enamora.
Me da miedo -pero del miedo adrenalinico que anula todos los sentidos y la posibilidad de coordinar cualquier acción- el hecho de tener a alguien en la cabeza, cuando recién olvidaste al fin al último que te rompió la bomba que impulsa sangre al cuerpo.
Se complica cuando quiero ESA clase de compañía pero a la vez no quiero regalar así nomás toda la dignidad y el orgullo que estaba recuperando.

Y pienso mil maneras de poder hacer a alguien feliz y que ese alguien se sienta feliz conmigo a su lado.
Y me imagino las mil millones de historietas con cada uno que está dando vueltas en el hueco ese tonto de la cabeza donde todo parece fácil si hay amor.
Empiezo a volar en el mundo de la vida perfecta o del love & peace que tanto Lennon, Joplin, Hendrix y entre otros nos quisieron transmitir para sobrevivir.
Es todo perfecto, todos nos quieren a nosotros la pareja perfecta, con nuestros gustos en común, conjuntos de ropa combinables, sonrisas todo el día, discusiones sin sentido, música muy de nuestra onda, besos perfectos, siestas juntos, una casa propia, quizas en Inglaterra, muchos inviernos juntos dándonos calor, amor...y...y...
De repente un golpe, una vuelta a la realidad: se terminó el paquete de sensaciones encontradas y flasheos futuristas que no llevan a ningun lado.
Y cancelo mis planes. Y me compro otro paquete para más tarde.
Como si de esa manera pudiera solucionar alguno de los tantos quilombos que tengo en la cabeza.
Por lo menos me saca el hambre...pero me hace imaginarme cosas. Si, un misero paquete de contenido graso. Porque me hace pensar que quizás, en lugar de estar escuchando música down en mi casa, podría estar en un café o en un barcito con alguna persona que quisiera compartir conmigo un montón de azúcar.
Pero lo pienso, y me doy cuenta que en realidad si yo quisiera compañía, la tengo.Pero más que tener chances con un par de hombres revoltones, tengo miedo.
Tengo miedo de enamorarme de nuevo y terminar mal. Mal sería dejando de comer esta suerte de felicidad empaquetada para que alguien me recuerde todos los días que soy linda, y de esa manera, por qué razones me enamora.
Me da miedo -pero del miedo adrenalinico que anula todos los sentidos y la posibilidad de coordinar cualquier acción- el hecho de tener a alguien en la cabeza, cuando recién olvidaste al fin al último que te rompió la bomba que impulsa sangre al cuerpo.Se complica cuando quiero ESA clase de compañía pero a la vez no quiero regalar así nomás toda la dignidad y el orgullo que estaba recuperando.

Y pienso mil maneras de poder hacer a alguien feliz y que ese alguien se sienta feliz conmigo a su lado.
Y me imagino las mil millones de historietas con cada uno que está dando vueltas en el hueco ese tonto de la cabeza donde todo parece fácil si hay amor.
Empiezo a volar en el mundo de la vida perfecta o del love & peace que tanto Lennon, Joplin, Hendrix y entre otros nos quisieron transmitir para sobrevivir.
Es todo perfecto, todos nos quieren a nosotros la pareja perfecta, con nuestros gustos en común, conjuntos de ropa combinables, sonrisas todo el día, discusiones sin sentido, música muy de nuestra onda, besos perfectos, siestas juntos, una casa propia, quizas en Inglaterra, muchos inviernos juntos dándonos calor, amor...y...y...
De repente un golpe, una vuelta a la realidad: se terminó el paquete de sensaciones encontradas y flasheos futuristas que no llevan a ningun lado.
Y cancelo mis planes. Y me compro otro paquete para más tarde.
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