A veces hay ganas. O mejor dicho, a veces dan ganas. Pero no hablo de esas ganas como de comerse un buen sandwich de milanesa en el recreo o break de facultad o laburo; ni de esas de ir al baño; ni de esas que decimos que queremos ir a algún lado, cuando bien sabemos que no vamos a ir. Me dan ganas de conocerte . Que me conozcas. Que me quieras. Que me invites un café, una hamburguesa grasosa de McDonald's, a almorzar con tu familia un domingo. Ganas de salir con vos, de pasear por ahí, de perdernos por la vida. O por las calles de acá nomás. Conocer cosas nuevas, lugares diferentes, palabras raras (como "gordo" o "morsu" o "cosita"). Quiero que tengas la necesidad de necesitarme; de querer darme un beso en la mejilla; de querer unir tu cuerpo con el mio. Quiero que me pidas mimos o un tecito porque te sentís mal o que me corra de adelante de la Tv. Dan ganas de escuchar música acompañada, de tener alguien con quién jugar juegos como el pool o ...