No quería mirar a través de la ventana pero fue más fuerte que yo. Miré y me caí de nuevo. Se me derrumbó el alma. Miro, está nublado -y sí, es otoño-, hay mucho viento y no estás acá, conmigo. No sé si me molesta más el frío, tu ausencia o que el primero acreciente al segundo. Cómo una pequeña actitud, unas pobres palabras, un inútil intento de solución pueden arruinarte un día o más... Como cuando pensás 'uh, ojalá no hubiera dicho o hecho eso' u 'ojalá hubiese dicho todo eso'. Es difícil decir. Lo pensás, se te atraganta, y queda ahí, la mayoría de las veces. Y ahí es cuando te agarra dolor de garganta, por todo eso que te guardás (sí, tenés razón, no tomaste frío ni estás engripado, es tu conciencia). Miro otra vez para afuera, y el viento se me acerca tanto como vos te alejás de mi. Y ambas cosas me tienen congelada.