El instante en el que supe que tenía la posibilidad de conocer a la persona que acababa de enamorar a mis ojos y hechizar a mi corazón, me sentí totalmente esperanzado. Comencé a buscarla por todo el aeropuerto. ¿Puede uno sentirse correspondido con otra persona con tan sólo haber visto su rostro? Recorrí cada bar, cada vestíbulo, cada pasillo. No podía encontrar a la dama de cabello negro y ojos cautivantes. Confundí su vestimenta con la de otras tres mujeres, llevando mis nervios a la cima y luego la vergüenza a mis mejillas. Resignado, luego de una hora de búsqueda, encontré a la señora 'once maletas'. La anciana me miró con una leve sonrisa en su rostro y me invitó a sentarme a su lado. Me dispuse a hacerle compañí,a porque hasta que volviera a abrirse el aeropuerto, pasarían horas. La señora era holandesa y se quejaba de la atención al cliente del aeropuerto; y me comentó que viajaba para el casamiento de su hija. Se refería a la misma como ...