El instante en el que supe que tenía la posibilidad de conocer a la persona que acababa de enamorar a mis ojos y hechizar a mi corazón, me sentí totalmente esperanzado.
Comencé a buscarla por todo el aeropuerto.
¿Puede uno sentirse correspondido con otra persona con tan sólo haber visto su rostro?
Recorrí cada bar, cada vestíbulo, cada pasillo. No podía encontrar a la dama de cabello negro y ojos cautivantes. Confundí su vestimenta con la de otras tres mujeres, llevando mis nervios a la cima y luego la vergüenza a mis mejillas.
Resignado, luego de una hora de búsqueda, encontré a la señora 'once maletas'. La anciana me miró con una leve sonrisa en su rostro y me invitó a sentarme a su lado. Me dispuse a hacerle compañí,a porque hasta que volviera a abrirse el aeropuerto, pasarían horas.
La señora era holandesa y se quejaba de la atención al cliente del aeropuerto; y me comentó que viajaba para el casamiento de su hija. Se refería a la misma como 'la mujer más enamorada del mudno'. La anciana era viuda pero, en sus años de juventud, solía enamorarse de todos los hombres que la invitaban a salir.
- Yo me divertía mucho- dijo-, pero llegó un tiempo en el que ya no podía seguir inestable en cuestiones del amor. A mis padres no les parecía buena idea tampoco y era mal visto en el pueblo.
Se detuvo en el relato, y delicadamente me preguntó: - Usted señor, ¿es casado?-
- No- le respondi- aún no encuentro quién sepa amarme tanto como yo puedo llegar a amar. Creo en las situaciones cortas de la vida.No creo en el amor para siempre. Jamás me he sentido a gusto con una persona como para querer pasar con ella el resto de mi vida. Me enamoro de las cosas simples, de los buenos momentos. Pero le cuento que hace unas horas, en este mismo aeropuerto, comencé a creer en el amor a primera vista. Y me he desequilibrado por completo.
- Pero, ¡¿cómo?! ¡¿se acaba de enamorar?!
- No! no, no... no lo sé en verdad. Pasó por mi camino una hermosa dama, y aún no la he vuelto a cruzar. Quizás estaba demorada como nosotros. No se si la volveré a ver. No lo creo.
- Y ¿qué haces aquí, hablando con una anciana, en lugar de correr a buscarla?
- Es el miedo señora. Tengo miedo de encontrarla y que ya tenga al amor de su vida. No podría soportar tal desilusión. Creo que por eso siempre preferí estar solo y no arriesgarme a compartir mi vida con una mujer.
Para mi la felicidad es relativa. Creo que aunque encuentre al amor de mi vida, siempre existen los recuerdos, los momentos oscuros. Me gustaría saber lo que es estar completamente enamorado de alguien, pero por ahora quiero conformarme con tratar de quererme a mí mismo y disfrutar de las cosas sencillas que quiero hacer en la vida. Hasta que un día, sin darme cuenta aparezca una personas que llene cada vacío que siento cada vez que me encuentro solo y necesito el calor de un cuerpo a mi lado cuando duermo. Y entonces no podré escapar de eso que algunos dicen que es 'amor'.
Comencé a buscarla por todo el aeropuerto.
¿Puede uno sentirse correspondido con otra persona con tan sólo haber visto su rostro?
Recorrí cada bar, cada vestíbulo, cada pasillo. No podía encontrar a la dama de cabello negro y ojos cautivantes. Confundí su vestimenta con la de otras tres mujeres, llevando mis nervios a la cima y luego la vergüenza a mis mejillas.
Resignado, luego de una hora de búsqueda, encontré a la señora 'once maletas'. La anciana me miró con una leve sonrisa en su rostro y me invitó a sentarme a su lado. Me dispuse a hacerle compañí,a porque hasta que volviera a abrirse el aeropuerto, pasarían horas.
La señora era holandesa y se quejaba de la atención al cliente del aeropuerto; y me comentó que viajaba para el casamiento de su hija. Se refería a la misma como 'la mujer más enamorada del mudno'. La anciana era viuda pero, en sus años de juventud, solía enamorarse de todos los hombres que la invitaban a salir.
- Yo me divertía mucho- dijo-, pero llegó un tiempo en el que ya no podía seguir inestable en cuestiones del amor. A mis padres no les parecía buena idea tampoco y era mal visto en el pueblo.
Se detuvo en el relato, y delicadamente me preguntó: - Usted señor, ¿es casado?-
- No- le respondi- aún no encuentro quién sepa amarme tanto como yo puedo llegar a amar. Creo en las situaciones cortas de la vida.No creo en el amor para siempre. Jamás me he sentido a gusto con una persona como para querer pasar con ella el resto de mi vida. Me enamoro de las cosas simples, de los buenos momentos. Pero le cuento que hace unas horas, en este mismo aeropuerto, comencé a creer en el amor a primera vista. Y me he desequilibrado por completo.
- Pero, ¡¿cómo?! ¡¿se acaba de enamorar?!
- No! no, no... no lo sé en verdad. Pasó por mi camino una hermosa dama, y aún no la he vuelto a cruzar. Quizás estaba demorada como nosotros. No se si la volveré a ver. No lo creo.
- Y ¿qué haces aquí, hablando con una anciana, en lugar de correr a buscarla?
- Es el miedo señora. Tengo miedo de encontrarla y que ya tenga al amor de su vida. No podría soportar tal desilusión. Creo que por eso siempre preferí estar solo y no arriesgarme a compartir mi vida con una mujer.
Para mi la felicidad es relativa. Creo que aunque encuentre al amor de mi vida, siempre existen los recuerdos, los momentos oscuros. Me gustaría saber lo que es estar completamente enamorado de alguien, pero por ahora quiero conformarme con tratar de quererme a mí mismo y disfrutar de las cosas sencillas que quiero hacer en la vida. Hasta que un día, sin darme cuenta aparezca una personas que llene cada vacío que siento cada vez que me encuentro solo y necesito el calor de un cuerpo a mi lado cuando duermo. Y entonces no podré escapar de eso que algunos dicen que es 'amor'.
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