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Mostrando entradas de noviembre 13, 2012

Inevitable

Existe el típico pensamiento y dicho de "el que revisa lo que no debe, se entera de lo que no quiere". Sufro cada vez que se que entrar a alguna red social, precisamente a facebook, voy a encontrar lo que no quiero. Pero hacerlo, revisar el facebook de alguien, me parece normal. No es de stalker, es que sólo le presto atención a esos detalles que están ahí, a nuestra disposición y que evidentemente nadie mira. Quien no lo hace en la vida real, no lo hace en la virtual; y eso a mi no me pasa. Si entro a ver el facebook de algún chico, sé que es cuestión de segundos que averigüe sus gustos, su forma de vestir y el nombre y facebook de cada uno de sus familiares. No es mi culpa; y tampoco pienso que sea algo grave, aunque muchos me lo critiquen. Pero, haciendo esto, termino conociendo a la otra persona virtualmente más de lo que pienso que podría llegar a conocerla en la vida real. Esto me lleva a sacar conclusiones apresuradas, a hacerme la cabeza, a buscarle el defecto...

Reir por no llorar

Por favor! No! No. No me preguntes cómo estoy. No finjas querer saber qué me pasa. Sé que no te importa qué hago o dejo de hacer. Simple. No pienses que soy estúpida. ¡Es lo peor que podés hacer! Prefiero una relación nula a una falsa. Vos, allá. Yo, acá. Vos, en la tuya. Yo, en la mía. Gracias por hacerme saber que antes que nada ni nadie, primero estoy yo. No me importa. Te juro que no. Aunque quiera llorar, dejame sola, todas las veces que quieras y de las formas que se te ocurran. En este caso, mejor sola que mal acompañada.

Pausa

Me encuentro en un estado de resignación total. Y extrañamente esto me tiene tranquila. Mi resignación es más un "dejar ser" que estoy tratando de adoptar. Se aplica a cualquier ámbito de mi vida, aunque a simple vista pueda sonar dirigido a las relaciones humanas y por qué no ser más puntillosa, a las relaciones amorosas. Este estado está completamente vinculado al cansancio interno que tiene mi mente; y -si puedo ser cursi- mi corazón. Siempre busqué lo perfecto y aunque yo no me considere como tal, pretendo que los demás lo sean. Aún hoy lo hago, en el fondo, pero decidí no involucrarme con nadie porque después juzgaba esa posible perfección. Decidí no involucrar a nadie en lo que soy, o en lo que estoy tratando de ser. Por lo menos hasta estar segura de que lo que soy, es lo que quiero ser y que así es como quiero que me conozcan.

Casi igual

Estoy en un mismo lugar, en el mismo tiempo y en la misma vida que los demás. Y sin embargo soy totalmente diferente. La sensación inigualable y deprimente de sentirme sola, únicamente yo la siento. Nadie más podría entender lo que es estar vacío. Vacío de amor. Desmotivación. Constante nudo en la garganta que me impide emitir una palabra y lo único que hace es mojarme las mejillas y correr mi maquillaje. Y la verdad es que es cansador tener que dibujarme una sonrisa rojiza y darle contorno a mis ojos para desviar la atención de lo vidrioso de mis pupilas.

Se quemó

Un papel. Amarillento. Parecía viejo, pero no lo era. Una hoja dividida en líneas grises que sumaban veinticuatro y se llenaban de letras sufridas. Las rayas se acentuaban con la desprolijidad que quería expresar un manuscrito culpable. Palabras. Una atrás de la otra. Eran legibles, pero solo transmitían resentimiento, masoquismo, arrepentimiento. Cuando estas palabras se leían, el tiempo se detenía. Cuando ya no quedaba ninguna por leer, el tiempo ya era tarde para reaccionar ante ellas. Esas palabras formaban parte del pasado. Para un tipo de persona, eran esperanza. Para el otro tipo, tristeza. No se  entendían. Las líneas rectas, seguían siendo grises, pero ahora ya comenzaban a arrugarse.  Zigzageaban. La hoja estaba arrugada en su totalidad. Se mojaba con pequeñas gotas de agua. Caían lentamente en una cantidad exorbitante. Alcohol etílico.  La hoja era fuego.  El tiempo y las llamas se llevaban la bronca del escrito. ...