Qué difícil es darse cuenta de la cantidad de amor que nos rodea.
Particularmente siempre opto por sentirme sola y echarle la culpa al mundo.
En lugar de resolver, agredo; cuando en el fondo soy muy amor y paz.
A mi se me complica reconocer el amor que está en el aire y más se me complica cuando está dirigido hacia mi.
Siempre creo que si un hombre me está hablando bien, quiere obtener algo de mi. Después, más o menos unos cinco minutos posteriores al prejuicio, idealizo en mi mente una vida de amor y locuras llena de alegrías interminables. Y cuando sigo caminando por la ruta de la realidad, me doy cuenta de que yo tengo que hacer un esfuerzo si quiero que esa fantasía se cumpla.
Porque ultimamente lo único que hago es quedarme estancada, echándome la culpa y así no se resuelven las cosas, solo retraso mi felicidad.
Soy muy miedosa. Le tengo miedo al mañana y al qué debo hacer. Tengo miedo que en unos años me pregunte a mi misma si estoy orgullosa de mi y no poder responder con la verdad.
Pero más miedo le tengo al dolor, a que me lastimen. No dejo que ningún hombre me conozca como realmente pienso porque no quiero que nadie me juzgue.
Siempre que estoy conociendo a alguien, me imagino la gran historia de amor, y después hago eso que tanto critico en los demás: los juzgo. Predispongo la situación a un "no me importas", creo ese clima. Y no me relajo.
El miedo me lleva a menospreciarme, y menospreciar a otra persona con la que podría estar viviendo decenas de momentos hermosos. Me pierdo mucho por no superar miedos de adolescente.
Me ilusioné tantas veces con el amor, que ahora me privo a mi misma de encontrarlo, porque no estoy segura si existe realmente.
Claramente, le tengo miedo a lo que "no pueda llegar a pasar" y entonces utilizo un repelente de cariño antes de pastillas para la desilusión.
Se trata de reprimirme o desesperar.
Particularmente siempre opto por sentirme sola y echarle la culpa al mundo.
En lugar de resolver, agredo; cuando en el fondo soy muy amor y paz.
A mi se me complica reconocer el amor que está en el aire y más se me complica cuando está dirigido hacia mi.
Siempre creo que si un hombre me está hablando bien, quiere obtener algo de mi. Después, más o menos unos cinco minutos posteriores al prejuicio, idealizo en mi mente una vida de amor y locuras llena de alegrías interminables. Y cuando sigo caminando por la ruta de la realidad, me doy cuenta de que yo tengo que hacer un esfuerzo si quiero que esa fantasía se cumpla.
Porque ultimamente lo único que hago es quedarme estancada, echándome la culpa y así no se resuelven las cosas, solo retraso mi felicidad.
Soy muy miedosa. Le tengo miedo al mañana y al qué debo hacer. Tengo miedo que en unos años me pregunte a mi misma si estoy orgullosa de mi y no poder responder con la verdad.
Pero más miedo le tengo al dolor, a que me lastimen. No dejo que ningún hombre me conozca como realmente pienso porque no quiero que nadie me juzgue.
Siempre que estoy conociendo a alguien, me imagino la gran historia de amor, y después hago eso que tanto critico en los demás: los juzgo. Predispongo la situación a un "no me importas", creo ese clima. Y no me relajo.
El miedo me lleva a menospreciarme, y menospreciar a otra persona con la que podría estar viviendo decenas de momentos hermosos. Me pierdo mucho por no superar miedos de adolescente.
Me ilusioné tantas veces con el amor, que ahora me privo a mi misma de encontrarlo, porque no estoy segura si existe realmente.
Claramente, le tengo miedo a lo que "no pueda llegar a pasar" y entonces utilizo un repelente de cariño antes de pastillas para la desilusión.
Se trata de reprimirme o desesperar.
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