Raro. Muy raro. Como día de sol con 30° en pleno invierno. Como avenida despejada un sábado a la noche. O como yo llegando puntual a algún lugar.
Meses pasé pensando en que tenía que ordenar mi cabeza, mis ideas, mis proyectos, mis problemas.
Y un día, sin darme cuenta, empecé a realizar y resolver todo.
Solo dejando que el tiempo pase y las cosas fluyan.
Dicen que el desorden que tengas en tu casa o en tu habitación está vinculado el desorden mental. Bueno, siempre tuve una Tercer Guerra Mundial a los costados y pie de mi cama.
Este último tiempo, casi sin darme cuenta, todo eso se organizó.
Supe plantear prioridades en mi vida.
Y la prioridad de mi vida soy Yo y mi bienestar.
Por supuesto que para estar bien, necesito que las personas que aprecio y me rodean lo estén también.
Así que comencé a discutir menos, hacerme menos problema por las veces que alguien puede llegar a ignorarme, tratar de hacerle bien a las personas que más quiero aunque sea haciendolos reir... y de a poco estoy terminando con el desorden en mi vida.
En el medio de todo, me empecé a prestar más atención, a dejar de hacer cosas que me molesten y tratar de encontrar aquello que me saque una sonrisa.
Trato que nada me lastime o me haga sufrir.
Siempre me gustó aquello que me hace sentir importante, y verdaderamente no me interesa si a los demás les molesta o no.
Con el tiempo aprendo a quererme. A no dejarme pisotear.
Dejo ir todas las cosas del pasado que con tan sólo pensarlas me traían rencor, tristeza o arrepentimiento.
Quemé cartas dolorosas, y me propuse dejar que todo sea como tiene que ser.
Ya no me preocupo si le gusto a alguna persona o si alguien quiere pasar tiempo conmigo.
Yo elijo qué hacer con mi tiempo, en qué pensar, con quién divertirme, a quién consolar.
Dejé de ilusionarme con simplezas de personas, que antes me incitaban a hacer un album psicótico de futuras fotos de casamiento con ese 'alguien' que me dijo "Hola"; porque las ilusiones rápidas generan sufrimientos largos.
Espero seguir este ritmo con el paso de los días, así queden cinco, sesenta o mil.
Meses pasé pensando en que tenía que ordenar mi cabeza, mis ideas, mis proyectos, mis problemas.
Y un día, sin darme cuenta, empecé a realizar y resolver todo.
Solo dejando que el tiempo pase y las cosas fluyan.
Dicen que el desorden que tengas en tu casa o en tu habitación está vinculado el desorden mental. Bueno, siempre tuve una Tercer Guerra Mundial a los costados y pie de mi cama.
Este último tiempo, casi sin darme cuenta, todo eso se organizó.
Supe plantear prioridades en mi vida.
Y la prioridad de mi vida soy Yo y mi bienestar.
Por supuesto que para estar bien, necesito que las personas que aprecio y me rodean lo estén también.
Así que comencé a discutir menos, hacerme menos problema por las veces que alguien puede llegar a ignorarme, tratar de hacerle bien a las personas que más quiero aunque sea haciendolos reir... y de a poco estoy terminando con el desorden en mi vida.
En el medio de todo, me empecé a prestar más atención, a dejar de hacer cosas que me molesten y tratar de encontrar aquello que me saque una sonrisa.
Trato que nada me lastime o me haga sufrir.
Siempre me gustó aquello que me hace sentir importante, y verdaderamente no me interesa si a los demás les molesta o no.
Con el tiempo aprendo a quererme. A no dejarme pisotear.
Dejo ir todas las cosas del pasado que con tan sólo pensarlas me traían rencor, tristeza o arrepentimiento.
Quemé cartas dolorosas, y me propuse dejar que todo sea como tiene que ser.
Ya no me preocupo si le gusto a alguna persona o si alguien quiere pasar tiempo conmigo.
Yo elijo qué hacer con mi tiempo, en qué pensar, con quién divertirme, a quién consolar.
Dejé de ilusionarme con simplezas de personas, que antes me incitaban a hacer un album psicótico de futuras fotos de casamiento con ese 'alguien' que me dijo "Hola"; porque las ilusiones rápidas generan sufrimientos largos.
Espero seguir este ritmo con el paso de los días, así queden cinco, sesenta o mil.
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