El ser humano es la entidad más débil que se conoce.
Hay mil formas de demostrarlo, pero vamos a mi preferida: los sentimientos.
No hay cosa con la que mostremos más nuestro lado débil que con los sentimientos.
Lo que sentimos, lo mostramos. Si no lo mostramos, nos desequilibramos enseguida porque hay algo que funciona mal internamente y eso en algún lado se ve.
Siempre nos quedamos esperando algo de alguien.
Creemos que las personas pueden cambiar. Incluso intentamos cambiarlas nosotros.
Todos alguna vez esperamos que pase un algo que dependía de un alguien que sabíamos que era una persona estúpida, que no razonaba o que no le importábamos.
Pero todos estos defectos son pequeñas partículas que no son nada a comparación del átomo hermoso que armamos de esa persona para defenderla. Y en un punto es defensa propia, porque los de afuera no se pueden dar cuenta de que estamos quedando como estúpidos nosotros también.
¿Qué parte le contamos a los demás? ¿Cuánta verdad hay en el momento en que expresamos nuestros sentimientos?
Hay muchas cosas que escondemos o las intentamos hacer menos cursis y/o menos psicóticas, cuando en el fondo en realidad todos sentimos de la misma manera.
La diferencia se da en la valentía de expresarlo.
Hay mil formas de demostrarlo, pero vamos a mi preferida: los sentimientos.
No hay cosa con la que mostremos más nuestro lado débil que con los sentimientos.
Lo que sentimos, lo mostramos. Si no lo mostramos, nos desequilibramos enseguida porque hay algo que funciona mal internamente y eso en algún lado se ve.
Siempre nos quedamos esperando algo de alguien.
Creemos que las personas pueden cambiar. Incluso intentamos cambiarlas nosotros.
Todos alguna vez esperamos que pase un algo que dependía de un alguien que sabíamos que era una persona estúpida, que no razonaba o que no le importábamos.
Pero todos estos defectos son pequeñas partículas que no son nada a comparación del átomo hermoso que armamos de esa persona para defenderla. Y en un punto es defensa propia, porque los de afuera no se pueden dar cuenta de que estamos quedando como estúpidos nosotros también.
¿Qué parte le contamos a los demás? ¿Cuánta verdad hay en el momento en que expresamos nuestros sentimientos?
Hay muchas cosas que escondemos o las intentamos hacer menos cursis y/o menos psicóticas, cuando en el fondo en realidad todos sentimos de la misma manera.
La diferencia se da en la valentía de expresarlo.
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