¿A qué le tengo tanto miedo?
Es indignante que me dé nervios y me produzca plantearme mi vida el simple hecho de ir a conocer a alguien.
Nadie lo sabe ni lo entiende, pero no hay UNA vez que alguien me invite a salir y desde ese momento hasta que la cita se lleva a cabo no piense en excusas para cancelarla.
Ahí estaba, hace dos días, treinta minutos después de proponerle ir a tomar un café, pensando en qué le podía decir para que no sospechara que soy una histérica y una miedosa.
Pensé en decirle que estaba resfriada; que me había olvidado que tenía que ir a dormir a lo de una prima; que al otro día de nuestro encuentro debía madrugar y entonces la tarde anterior no podía perder tiempo; que como falleció un familiar de un conocido de un familiar debía quedarme en mi casa por si algo pasaba y quizás tenía que ocuparme de mis hermanos menores; y otros infinitos pretextos que dejé de lado antes de volverme loca.
¿Lo peor de todo? LO HAGO SIEMPRE.
Tanto pensarlo, tanto planearlo, tanto meditarlo... ¿para qué? Para que fuera algo tan sencillo como tomar un café y conocer a una persona más perdida que yo.
Hoy me tocó aprender que tengo que dejarme de joder con pavadas.
La vida es algo más que tenerle miedo al amor, al cariño.
La vida es mucho como para andar perdiendo oportunidades de pasar un buen rato.
Dejate de joder Melisa.
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