Desde el Obelisco hasta la Casa Rosada: la Avenida 9 de Julio, esa que fue durante muchos años la avenida más ancha del mundo, está interrumpida en toda su extensión por micros que vinieron de diferentes provincias de Argentina.
El centro de la ciudad de Buenos Aires, es hoy un gran hormiguero. Los micros trajeron pasajeros de a docenas y docenas, que se desparramaron desde la mañana hasta la noche por todo el microcentro de Capital Federal.
Hormigas, por todos lados. A las de los micros, se suman las que emergen de las bocas de subte.
En cada esquina hay una de las entradas/salidas del subterráneo, y camino a Plaza de Mayo, no se ve ni una de ellas vacía.
Los hormigueros tienen entonces varias ubicaciones desde donde las hormigas, con el mismo fin, se siguen unas a otras, para llegar a un mismo lugar y cumplir con un mismo objetivo: celebrar.
Celebran que es un aniversario de su patria.
Celebran también que quien los gobierna ahora, la mejor oradora del grupo, que hace 10 años que es aceptada en el hormiguero.
Se chocan entre ellas. Se empujan. Pero todas sonríen.
El día empezó temprano, y saben que terminará tarde. Pero no les importa. Es sábado, están con hormigas de la familia, hormigas amigas, hormigas de cualquier lado. Están separadas en grupos de a treinta o más, y avanzan, avanzan, avanzan.
Se siguen empujando. Todas quieren llegar al mismo lugar, pero no existe una primera fila adelante del escenario que está plantado en la Casa Rosada, como para que todas puedan ver de manera igualitaria. Pero no les importa, avanzan. Cada grupo con sus pancartas, sus tambores, sus papeles picados, sus trompetas, sus cantos, su alegría.
Llegan todos juntos a la plaza, y hoy no importa de qué agrupación política sean, porque todas tiran del mismo lado de la soga. Todas quieren a su líder. La eligen.
Una de las hormigas, de 88 años, hace 70 que elige pensar de la misma manera que quien ahora lidera al pueblo. Y está orgullosa de eso.
Se escuchan bombas. No, son fuegos artificiales. Muchos se asustan, porque esperan disturbios; que para su descontento, no habrá ninguno esta tarde. Todo es alegría, celebración, orgullo, griterío, política.
No faltan las típicas comidas de la fecha, como los pastelitos, ni las típicas comidas del pueblo, como el choripán. Fueron los más solicitados hoy por las más de cien personas que marcharon a la Rosada en motivo del megaevento.
Una ideología política, un país, un pueblo, cien mil personas, una Presidenta, diez años de gobierno, doscientos tres de Patria, veinticuatro horas de festejo, más de cinco artistas famosos, muchas agrupaciones políticas de jóvenes y adultos, infinitas ancartas, ilimitadas sonrisas.
El centro de la ciudad de Buenos Aires, es hoy un gran hormiguero. Los micros trajeron pasajeros de a docenas y docenas, que se desparramaron desde la mañana hasta la noche por todo el microcentro de Capital Federal.
Hormigas, por todos lados. A las de los micros, se suman las que emergen de las bocas de subte.
En cada esquina hay una de las entradas/salidas del subterráneo, y camino a Plaza de Mayo, no se ve ni una de ellas vacía.
Los hormigueros tienen entonces varias ubicaciones desde donde las hormigas, con el mismo fin, se siguen unas a otras, para llegar a un mismo lugar y cumplir con un mismo objetivo: celebrar.
Celebran que es un aniversario de su patria.
Celebran también que quien los gobierna ahora, la mejor oradora del grupo, que hace 10 años que es aceptada en el hormiguero.
Se chocan entre ellas. Se empujan. Pero todas sonríen.
El día empezó temprano, y saben que terminará tarde. Pero no les importa. Es sábado, están con hormigas de la familia, hormigas amigas, hormigas de cualquier lado. Están separadas en grupos de a treinta o más, y avanzan, avanzan, avanzan.
Se siguen empujando. Todas quieren llegar al mismo lugar, pero no existe una primera fila adelante del escenario que está plantado en la Casa Rosada, como para que todas puedan ver de manera igualitaria. Pero no les importa, avanzan. Cada grupo con sus pancartas, sus tambores, sus papeles picados, sus trompetas, sus cantos, su alegría.
Llegan todos juntos a la plaza, y hoy no importa de qué agrupación política sean, porque todas tiran del mismo lado de la soga. Todas quieren a su líder. La eligen.
Una de las hormigas, de 88 años, hace 70 que elige pensar de la misma manera que quien ahora lidera al pueblo. Y está orgullosa de eso.
Se escuchan bombas. No, son fuegos artificiales. Muchos se asustan, porque esperan disturbios; que para su descontento, no habrá ninguno esta tarde. Todo es alegría, celebración, orgullo, griterío, política.
No faltan las típicas comidas de la fecha, como los pastelitos, ni las típicas comidas del pueblo, como el choripán. Fueron los más solicitados hoy por las más de cien personas que marcharon a la Rosada en motivo del megaevento.
Una ideología política, un país, un pueblo, cien mil personas, una Presidenta, diez años de gobierno, doscientos tres de Patria, veinticuatro horas de festejo, más de cinco artistas famosos, muchas agrupaciones políticas de jóvenes y adultos, infinitas ancartas, ilimitadas sonrisas.
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