Puedo manejar todo. O eso pienso.
Puedo controlar o tratar de controlar el equilibrio entre el trabajo, el estudio, mis amigos, mi familia y mi cabeza. Todo lo referido a estos ítems, lo puedo manejar.
Pero hay un punto en el que si fuera medido por licencia de conducir tendría una gran calcomanía de "Principiante" en la frente, y sospecho que por más de 6 meses (el tiempo en el que se debe llevar en un automóvil).
Y es en el equilibrio de las relaciones amorosas que tengo, las que anhelo, las que imagino, y las que me invento.
Puedo estar en la oficina, un día que no tengo que ir a clases, que no tengo que hacer nada más que redactar notas políticas (que me entretienen pero no me interesan), y de repente, casi sin precedentes, ponerme a pensar en esa persona, en la que no pienso nunca. Persona, es igual a hombre. Y entiéndase como hombre, aquel ser que no supe amar por buscarle un error. Por lo menos no lo hice hasta que lo perdí del todo.
Ponerme a pensar en esa persona, me llevó a buscarlo en las redes sociales, revisar sus fotografías, y acordarme que encontró alguien a quien amar. Quizás también encontró ese equilibro que yo busco. Que anhelo. Que podría haber tenido con ese hombre.
No me concentro ya en pensar qué hubiera pasado si hubiera dejado los prejuicios atrás. Esa etapa ya pasó. Pero ahora, como no tengo nadie a quien criticarle estupideces para no admitir que sentía algo; tampoco hay una persona en la que tenga que pensar. Y por primera vez, no me desespera. Ni me entristece.
La vida me puso proyectos en el camino, para que deje de herirme y herir por el simple hecho de tener el miedo de no ser retribuida con el mismo amor que le daría a una persona.
Que me abandonen no lo soportaría. Por eso dejé de abandonar personas. Deje de hablar por hablar con hombres que no me importaban.
Ahora trato de no abandonarme.
Puedo controlar o tratar de controlar el equilibrio entre el trabajo, el estudio, mis amigos, mi familia y mi cabeza. Todo lo referido a estos ítems, lo puedo manejar.
Pero hay un punto en el que si fuera medido por licencia de conducir tendría una gran calcomanía de "Principiante" en la frente, y sospecho que por más de 6 meses (el tiempo en el que se debe llevar en un automóvil).
Y es en el equilibrio de las relaciones amorosas que tengo, las que anhelo, las que imagino, y las que me invento.
Puedo estar en la oficina, un día que no tengo que ir a clases, que no tengo que hacer nada más que redactar notas políticas (que me entretienen pero no me interesan), y de repente, casi sin precedentes, ponerme a pensar en esa persona, en la que no pienso nunca. Persona, es igual a hombre. Y entiéndase como hombre, aquel ser que no supe amar por buscarle un error. Por lo menos no lo hice hasta que lo perdí del todo.
Ponerme a pensar en esa persona, me llevó a buscarlo en las redes sociales, revisar sus fotografías, y acordarme que encontró alguien a quien amar. Quizás también encontró ese equilibro que yo busco. Que anhelo. Que podría haber tenido con ese hombre.
No me concentro ya en pensar qué hubiera pasado si hubiera dejado los prejuicios atrás. Esa etapa ya pasó. Pero ahora, como no tengo nadie a quien criticarle estupideces para no admitir que sentía algo; tampoco hay una persona en la que tenga que pensar. Y por primera vez, no me desespera. Ni me entristece.
La vida me puso proyectos en el camino, para que deje de herirme y herir por el simple hecho de tener el miedo de no ser retribuida con el mismo amor que le daría a una persona.
Que me abandonen no lo soportaría. Por eso dejé de abandonar personas. Deje de hablar por hablar con hombres que no me importaban.
Ahora trato de no abandonarme.
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