Quiero que alguien
me encuentre, cuando yo misma ando perdida.
A veces no
me reconozco frente a un espejo. ¿Dónde fue a parar mi inocencia, mi afán por soñar, mi esperanza en
todo?
Estoy enojada
conmigo, porque una parte que amaba de mi forma de ser, desapareció. Y estar
enojada conmigo, solamente me hunde. Si uno se enoja con alguien, no le habla
nunca más, y en el peor de los casos, cosecha rencor en su nombre.
Pero uno no
puedo andar por la vida enojado con uno mismo, sobretodo siendo que uno mismo
tiene la solución a su problema. Si mi problema soy yo o cómo soy, entonces no
me queda más que cambiar.
Cambiar. Cambiar.
Me resuena esa palabra. La he leído y escuchado cientas de veces. Incluso hubo
algunas que la he aconsejado. Pero, ¿cómo se hace para cambiar? No es cosa de un
segundo a otro. Lleva trabajo, tiempo, ganas, energía, amor, esperanza. Y no
tengo casi nada de todo eso.
Tengo que
cambiar todo eso que hoy me enoja conmigo, como por ejemplo no poder divertirme
porque me de celos ver a un alguien que no es nadie porque no le di lugar –porque no se lo merecía- bailando con otra alguien a quien por eso no soporto. Celos.
Otra palabra mencionada cientas de veces, culpable de peleas, desacuerdos y
ataques. Problema. Lo único que denota, es inseguridad.
A veces me
asombro de mi misma. Si, no puedo creer cómo estando en un lugar alegre,
rodeada de gente que parece felíz, puedo pasar un buen rato hasta que sé que me
vuelvo sola a mi casa.
Si a veces
yo no quiero estar conmigo, cómo voy a pretender que otro alguien quiera
hacerlo?
Ahí está mi
respuesta. Soy lo que soy, y no me acepto. Pero tampoco estoy de acuerdo con
cambiar. Soy como soy, y no me conforma.
Soy mi
problema y mi solución. Tengo que resolver mi ecuación.
Comentarios
Publicar un comentario