Un
hombre acaba de morir, y su funeral no es para nada convencional. La cama donde
yace su cuerpo se eleva de una punta primero y de la otra después, dando la
sensación que se va a caer al vacío o encima de las más de 500 personas allí
presentes. Es que es el protagonista de "Corteo", uno de los
espectáculos del Cirque Du Soleil, y quienes hacen el show están entrenados y
son profesionales. Nada malo va a pasar. Los espectadores visualizarán por dos
horas y media un escenario de 360 grados que es un torbellino de nostalgia y
alegría.
Se
llama Mauro y toda su vida fue payaso. Hoy, la vida le dijo basta. Está rodeado
de ángeles, con los que sube y baja del piso. Le quieren enseñar a volar
porque, a partir de ahora, va a tener que compartir el cielo con ellos.
Siempre
se dice que cuando uno está a punto de morir, repasa su vida en pocos segundos.
Mauro lo hace a lo largo de "Corteo".
Entre
malabarismos y remolinos, sus antiguas enamoradas emergen como en un sueño. Más
tarde, llega la hora de dormir, pero su cama es invadida por diez hombres y
mujeres jóvenes, de no más de 1.50 metros de altura, que comienzan a saltar de
una punta a la otra. Saltan, vuelan y corren. Pero es momento de que su vida
duerma y deberá aprender a volar para elevarse con esos ángeles que todo el
tiempo le insisten para que se coloque alas y encuentre la manera de
acompañarlos.
Sube
al cielo, pero en la tierra y en su mente, cuatro hombres se meten dentro de un
aro, se sostienen con pies y manos y comienzan a circular, así como lo hizo la
vida de Mauro. Reflejan los espejos del tiempo y el
eterno viaje de la vida. Ruedan en círculos hasta desaparecer y darle lugar a una
mujer que se desliza sin temblar por una cuerda floja que va de una punta a la
otra de la carpa de circo. Está entre el cielo y la tierra, caminando por el umbral de
la ilusión.
Todos
sus amigos y familiares se reunieron en su memoria. Mientras Mauro se
acostumbra al cielo, sus allegados le dedican una canción. El coro que hacen entre
60 personas se mezcla con una oda a la unidad en la diversidad. Hay cerca de
ocho hombres que se deslizan por un caño de 2 metros de altura y 1 de largo, y
parecen mimetizarse en una única persona.
Fue
rápido, Mauro ya parece naturalmente angelical. Se escuchan susurros de música
celestial, que viene de cuencos y vasos. Unos arcos majestuosos y caídas en
picada son agitadas por tres jóvenes que a través de los arlequines provocan al
cielo con ánimo de jugar con los ángeles.
La
música, una expresión del alma, pone de manifiesto la humanidad. Se trata de
una muerte, de una despedida. Pero también es una celebración de la belleza,
que fluye en un adiós triunfal al payaso. Es una muerte diferente. Hay
nostalgia, pero no hay tristeza.
El
cortejo para Mauro es un alegre desfile que sólo podría ser imaginado por un
payaso. Aquí, lo grande y lo pequeño, lo ridículo y lo trágico, lo imperfecto y
lo sublime se combinan en un mismo escenario. Mientras que el payaso revela su
fuerza, y su fragilidad, su sabiduría y su amabilidad, “Corteo” revela la
humanidad que todos llevamos dentro, hasta el último día.



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