Me siento delante de la computadora a mirar por un rato la pantalla. Esta es una era tecnológica, así que a veces se me da por abandonar la lapicera y el papel, y escribir a través de este aparato, mientras escucho a Sabina desde la tablet. Ruego porque no se me corte el wifi.
Y pienso.
Tengo en mi mente un hecho, un problema y su causa. Todo involucra una persona. Le presto atención a "19 días y 500 noches". Pienso en eso que pasó hace tiempo y nunca supe por qué ni cómo terminó. Me muerdo las uñas; jamás me las comí.
Y pienso.
Ahora suena "Y sin embargo"... y me quejo de mi misma por estar pensando en algo del pasado, que no tuvo ni tendrá futuro. "Cuando duermo sin tí, contigo sueño", canta Joaquín y cuenta la historia de muchos, hoy mia.
Cada tanto venís a mi mente. El sabor amargo que dejó lo nuestro, renace a veces para recordarme que arruiné algo por querer siempre más y nunca menos, por no querer conformarme. No sé si está mal o está bien. Sé qué hizo que todo termine, pero igual no entiendo bien. Hay muchas cosas que no entiendo. A 'él' por ejemplo.
Me miro las uñas. Es invierno y la estufa está prendida. Me duele la espalda, tengo calor, estoy cansada. Y te pienso.
"Estos ojos no lloran más por ti", desafía el español, y sonrío yo. Asiento con la cabeza ante la frase y afirmo por dentro: "Tu ombligo te atrapó más que mis ojos", y ahí entiendo por qué huimos uno del otro. Vos por egoísta; yo para protegerme.
Y pienso.
Tengo en mi mente un hecho, un problema y su causa. Todo involucra una persona. Le presto atención a "19 días y 500 noches". Pienso en eso que pasó hace tiempo y nunca supe por qué ni cómo terminó. Me muerdo las uñas; jamás me las comí.
Y pienso.
Ahora suena "Y sin embargo"... y me quejo de mi misma por estar pensando en algo del pasado, que no tuvo ni tendrá futuro. "Cuando duermo sin tí, contigo sueño", canta Joaquín y cuenta la historia de muchos, hoy mia.
Cada tanto venís a mi mente. El sabor amargo que dejó lo nuestro, renace a veces para recordarme que arruiné algo por querer siempre más y nunca menos, por no querer conformarme. No sé si está mal o está bien. Sé qué hizo que todo termine, pero igual no entiendo bien. Hay muchas cosas que no entiendo. A 'él' por ejemplo.
Me miro las uñas. Es invierno y la estufa está prendida. Me duele la espalda, tengo calor, estoy cansada. Y te pienso.
"Estos ojos no lloran más por ti", desafía el español, y sonrío yo. Asiento con la cabeza ante la frase y afirmo por dentro: "Tu ombligo te atrapó más que mis ojos", y ahí entiendo por qué huimos uno del otro. Vos por egoísta; yo para protegerme.
Me diste letra para destruirte. Pero no tengo balas para matarte. "Lo que yo quiero, corazón cobarde, es que mueras por mi". Genialidad y exactitud.
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