Mi dueña se casó con un Rey que era viuda. Eran muy compañeros y amorosos entre ellos. Paseaban por el bosque, recogían manzanas juntos y conocían a las personas del castillo.
Algunas veces, yo iba con ellos; aunque como tengo el poder de la predicción, siempre sabía el fin de los recorridos.
El Rey tenía una hija llamada Blancanieves. La muy traviesa era hermosa. Mi Reina siempre lo decía.
Un día, Blancanieves discutió con su padre. Se enojó con él porque no la había dejado deambular pasadas las seis de la tarde, ya que de noche eran peligrosos los alrededores del castillo. Pero la niña se escapó sin hacerle caso a su padre.
Yo veía todo, porque soy mágico. Mis poderes me permitieron seguir de cerca a Blancanieves y averiguar su paradero.
Luego de haber corrido como un ave libre, se detuvo frente a una casa que pertenecía a siete enanitos de nombres muy divertidos.
En ese momento, creí que se pondría a jugar y reír con sus nuevos amigos, cuando de repente...
¡la escuchaba gritarles con desprecio y darles órdenes como si fuera una bruja malvada!
No les permitía visitas y los obligaba a mendigar por el bosque, para ella poder juntar dinero y gastarlo en cintas para el cabello, peines y manzanas de orígenes desconocidos.
La villana Blancanieves les ordenó a los pobrecitos de los enanos que le construyeran una caja de cristal en la que ella pudiera descansar "como una princesa merece".
Me sentí muy apenado el día que Blancanieves estaba tomando una siesta de largas horas y un príncipe que por allí pasaba, quedó obnubilado con su belleza, se paró a su lado, la despertó con un beso y le propuso matrimonio. El pobre no sabía la horrible joven que Blancanieves era por dentro.
Mi reina fue invitada a la boda y decidió llevarme en su vestido.
Al llegar, nos dirigimos amablemente a saludar a los recién casados. Pero en ese momento, Blancanieves tuvo un plan destructivo. Le dio a mi dueña un bello par de zapatos rojos con la excusa de agradecerle su presencia.
Cuando mi reina se los puso, comenzó a acalorarse. Sus pies le quemaban y en medio de la danza, se desplomó en el suelo rompiéndome a mi en mil pedazos y quedando ella sin vida.
Es el día de hoy, que aún nadie descubrió la verdadera personalidad de la Malvada Blancanieves y jamás se hizo justicia por nosotros.
Algunas veces, yo iba con ellos; aunque como tengo el poder de la predicción, siempre sabía el fin de los recorridos.
El Rey tenía una hija llamada Blancanieves. La muy traviesa era hermosa. Mi Reina siempre lo decía.
Un día, Blancanieves discutió con su padre. Se enojó con él porque no la había dejado deambular pasadas las seis de la tarde, ya que de noche eran peligrosos los alrededores del castillo. Pero la niña se escapó sin hacerle caso a su padre.
Yo veía todo, porque soy mágico. Mis poderes me permitieron seguir de cerca a Blancanieves y averiguar su paradero.
Luego de haber corrido como un ave libre, se detuvo frente a una casa que pertenecía a siete enanitos de nombres muy divertidos.
En ese momento, creí que se pondría a jugar y reír con sus nuevos amigos, cuando de repente...
¡la escuchaba gritarles con desprecio y darles órdenes como si fuera una bruja malvada!
No les permitía visitas y los obligaba a mendigar por el bosque, para ella poder juntar dinero y gastarlo en cintas para el cabello, peines y manzanas de orígenes desconocidos.
La villana Blancanieves les ordenó a los pobrecitos de los enanos que le construyeran una caja de cristal en la que ella pudiera descansar "como una princesa merece".
Me sentí muy apenado el día que Blancanieves estaba tomando una siesta de largas horas y un príncipe que por allí pasaba, quedó obnubilado con su belleza, se paró a su lado, la despertó con un beso y le propuso matrimonio. El pobre no sabía la horrible joven que Blancanieves era por dentro.
Mi reina fue invitada a la boda y decidió llevarme en su vestido.
Al llegar, nos dirigimos amablemente a saludar a los recién casados. Pero en ese momento, Blancanieves tuvo un plan destructivo. Le dio a mi dueña un bello par de zapatos rojos con la excusa de agradecerle su presencia.
Cuando mi reina se los puso, comenzó a acalorarse. Sus pies le quemaban y en medio de la danza, se desplomó en el suelo rompiéndome a mi en mil pedazos y quedando ella sin vida.
Es el día de hoy, que aún nadie descubrió la verdadera personalidad de la Malvada Blancanieves y jamás se hizo justicia por nosotros.
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